El secuestro del CO2 ¿es la solución?

La necesidad de soluciones drásticas y urgentes para reducir el CO2 de la atmósfera ha generado diversas propuestas correctoras de base tecnológica, entre las cuales hay la captura y almacenamiento del carbono. Pero esta tecnología está siendo cuestionada.

Según el reciente informe especial redactado por el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU (IPCC), llamado “Calentamiento Global de 1,5ºC”, las evidencias que ya tenemos el cambio climático encima son indiscutibles y alarmantes. Entre las soluciones drásticas para reducir el CO2 en 0,5ºC, de 2 a 1,5ºC, se plantea la captura y almacenamiento del carbono, aunque es una tecnología que genera serias dudas.  

A causa de las actividades humanas, el calentamiento del planeta aumenta a un ritmo de 0,2ºC por década. Este incremento acabará, si no se hace nada por detenerlo, situándose 2ºC por encima de la temperatura actual en el 2050. Esto provocará cambios en el clima que afectarán a extensas zonas del planeta, que se verán sometidas a incrementos en la frecuencia, intensidad y cantidad de precipitaciones en distintas regiones. En el otro extremo, también se producirán más episodios de calor extrema y de sequía prolongada.

El incremento del nivel del mar y océanos, otro de los impactos negativos del efecto invernáculo, pondría en peligro a amplias zonas de la población costera. También se calcula que se podría perder el hielo marino del Ártico un verano de cada diez o de cada cien, dependiendo de si el calentamiento se sitúa en 1,5 o 2ºC por encima de la temperatura actual.

Con estas previsiones también se vería afectada la gran barrera de coral, que en el peor de los escenarios comportaría su total extinción. Por todo esto, la reducción de 0,5ºC se hace imprescindible, y la captura del carbono se ve, a priori, como una solución rápida y efectiva para detener el golpe devastador de los cambios dramáticos que ya tenemos encima.

 

Qué es la captura y almacenaje del CO2?

Esta técnica consiste, primero, en separar del dióxido de carbono (CO2) de otros gases. Una vez capturado, se comprime para poder ser transportado a través de gasoductos o barcos contenedores de gas licuado.