Hay nada más innovador que la naturaleza?

Nuestra sociedad se proyecta constantemente hacia el futuro. El mito de la modernidad se asienta sobre los pilares de la ciencia y la tecnología como garantía de calidad de vida y de progreso material. Pero cada vez se hace más evidente que los humanos hemos cometido un error de cálculo fundamental; hemos despreciado el contexto en nuestro crecimiento, convencidos que superamos en inteligencia a los otros seres vivos.

Concebimos la naturaleza como una cosa ajena, ideal para oxigenarnos un fin de semana, y llena de recursos inagotables. La realidad, sin embargo, nos demuestra que no hay un “nosotros” y la naturaleza de forma desligada. Seamos conscientes o no, nuestra vida en el planeta forma parte de un sistema y nuestras acciones generan impactos que no pueden olvidar las condiciones operativas que afectan a todos sus habitantes. Veamos algunos principios:

 

Hay que fijarse en las estrategias adaptativas

Una evidencia de la necesidad de entender claramente el contexto se encuentra en la capacidad de supervivencia de las especies.  La naturaleza nos enseña que las especies solo pueden sobrevivir si son capaces de dar una respuesta a una problemática concreta, desplegando estrategias adaptativas. Una evidencia de la necesidad de entender claramente el contexto se encuentra en la capacidad de supervivencia de las especies. La naturaleza nos enseña que las especies solo pueden sobrevivir si son capaces de dar respuesta a una problemática concreta, desplegando estrategias adaptativas. Por lo tanto, si estas soluciones no se adecuan suficientemente a su entorno, acaban convirtiéndose en insostenibles y fracasan.

La vida en el planeta existe desde hace 3.800 millones de años, pero menos de un 1% ha llegado hasta nuestros días. Luego, como establecía Peter Druker, en un contexto más conceptual, es la efectividad (“hacer bien las cosas” y hacerlas de forma correcta) la que ha marcado la diferencia.