Gaudí: el padre de la biomimética?

En una primera búsqueda en cualquier portal de Internet sobre la biomimética, todos los resultados apuntan a lo mismo: tecnología contemporánea, arquitectura moderna y nuevas técnicas de diseño. Pero uno de los grandes referentes de la arquitectura modernista catalana ya hablaba de biomimética e inspiración natural durante los siglos XIX y XX: «Con tiestos de flores, rodeado de viñas y olivares, animado por el cloquear de las gallinas, el canto de los pájaros y el de los insectos, y con las montañas de Prades al fondo, capté las más puras y placenteras imágenes de la Naturaleza, que siempre es mi maestra», decía Gaudí.

Sus formas naturalistas son ampliamente reconocidas: columnas en forma de palmeras, cúpulas que imitan remolinos, paredes con gotas que manan desde el techo como una intensa lluvia primaveral… Pero la bioinspiración no sólo se queda en el ámbito estético sino que marca la construcción técnica de sus edificios. La casa Batlló es un ejemplo, como vemos en sus puertas con aberturas que imitan las branquias de un pez para que las salas interiores puedan respirar aire fresco y ventilarse en épocas veraniegas.

Gaudí provenia d’una família d’artesans i ell, imitant la tradició dels seus pares i avis, treballava en el seu taller experimentant amb plànols, tècniques i noves formes arquitectòniques. Assegura que totes les seves idees les trobava a la natura, el llibre on estan apuntades totes les fórmules. «El gran libro, siempre abierto y que tenemos que hacer un esfuerzo para leer, es el de la Naturaleza, y los otros libros se toman a partir de él, y en ellos se encuentran los errores y malas interpretaciones de los hombres».

Pero como la naturaleza, sus ideas no eran estáticas: iba practicando sobre terreno. Si algo no funcionaba, lo cambiaba sobre la marcha. Los planos eran las guías, pero el sentido común y la observación era lo que realmente determinaba la evolución de la obra. Concebía la naturaleza como un todo integrado, en el que árboles, animales y geografía interactuaban según iban evolucionando, no seguían un rígido plano establecido. Por eso mismo, él siempre estaba en las obras, observando, analizando, dejándose inspirar por la evolución natural de las cosas y no por sus ideas preestablecidas.