La ciencia tras las decisiones cotidianas

Todos los seres vivos, frente a una elección, eligen siempre las opciones más favorables en su afán por sobrevivir y evolucionar. De forma instintiva, calculan los riesgos y ventajas de cada decisión. Los humanos no somos ajenos a este proceso, a pesar de ser poco conscientes de cuáles son las conexiones vitales que son inseparables de nuestra manera de decidir. Bajo el título “Decisions: la vida és risc“, el Instituto de Ciencias biomiméticas (BSI) se adentró el pasado 12 de junio en laauténtica naturaleza de las decisiones humanas.

El acto tuvo lugar en el CCCB y constó de una serie de puestas en escena y ponencias que exploraron qué se esconde tras las decisiones que tomamos cotidianamente. “Decisions: la vida és risc” forma parte del ciclo ESPORA, un conjunto de eventos culturales y artísticos con los que el BSI difunde una visión que sitúa la naturaleza como el marco de referencia principal para el progreso humano. Esta vez apostó por la participación del público durante el acto: eran ellos quienes decidían, a través de un sistema de votaciones, el desenlace.

Después de introducir el concepto del riesgo al público, se representaron cinco escenas. Estas, exponían diferentes dilemas que nos hacían plantearnos cómo construimos nuestras motivaciones y respuestas. Fue aquí cuando se requirió la participación del público: frente a un dilema, debían decidir cómo actuar. Por ejemplo, un padre con un hijo enfermo, debe decidir si dar la medicación y ver cómo se apaga su ánimo, o dejar de dársela, confiando en su instinto paternal. El resultado estaba condicionado por el público, que decidió no medicarlo.

Una vez el público se había mojado expresando su opinión, dándose cuenta de que ellos mismos formaban parte de la maquinaria de las decisiones, el presidente del BSI, Pere Monràs, fue entrevistado por el conductor del acto, Marc Villanueva. El doctor Monràs llegó a varias conclusiones, todas relacionadas con los procesos naturales, las relaciones de la interculturalidad y las diversas inteligencias que constituyen el mundo. Todo, claro, bajo el paraguas de la toma de decisiones y el cálculo del riesgo al elegir una u otra opción.

Para adentrarse en profundidad en la toma de decisiones, el neurólogo Pablo Villoslada enseñó los procesos cerebrales que la hacen posible. A través de un vídeo, Villoslada explicó que las decisiones que tomamos se basan en un balance entre la parte emocional y racional del cerebro. Mientras que la razón está principalmente construida por el entorno social, las emociones responden a los instintos más naturales. Así pues, cuando tomamos decisiones hay un doble componente natural y social, uno que responde a nuestra naturaleza y otro que responde a lo que hemos aprendido a través de las normas sociales construidas por los humanos.

Villoslada afirmó que las decisiones morales, que muchos pueden pensar que están determinadas por lo que creemos que es bueno y que es malo (una construcción social) en realidad tienen mucho biológico: muchas de estas decisiones las tomamos por un impulso emocional, es decir, si nos repugna una acción, el cerebro utilizará mecanismos fisiológicos tales como la náusea para comunicarnos que no queremos hacerla (o que no deberíamos).

Tras la ponencia sobre los mecanismos fisiológicos en la toma de decisiones, Jordi Pigem, filósofo de la ciencia y especialista en observación de la naturaleza, habló sobre las estrategias que diferentes seres vivos han ido desarrollando para hacer frente a los retos y, así, sobrevivir, adaptarse y evolucionar. A partir de ejemplos concretos sobre la vida animal, Pigem buscó aprendizajes que pueden resultar útiles para los comportamientos humanos.