Enzima devora-plástico: ¿cambio real o utopía?

En abril, una noticia abrió las portadas de las cabeceras científicas: un grupo de investigadores del Reino Unido y los Estados Unidos habían diseñado una enzima capaz de devorar plástico.

Todas las noticias tenían el mismo enfoque informativo, una euforia colectiva que vislumbraba la solución de todos los problemas medioambientales relacionados con el plástico. Añadían a la información sobre el descubrimiento diversos análisis expositivos para contextualizar la contaminación de los ecosistemas por el exceso de plástico, dando a entender que este descubrimiento sería la revolución que acabaría con la contaminación.

 

La enzima aún debe ser tratada para poder ser usada en la industria.

 

Pero qué supone realmente esta enzima? Afirma John McGeehan, uno de los científicos tras el descubrimiento, que la mejora es muy ilusionante pero modesta. Resta épica al relato revolucionario de algunos medios y asegura que nos acerca a una mejor gestión de residuos y que abre la puerta a mejorar el sistema de reciclaje de los plásticos, pero que no plantea el fin de la contaminación. Así pues, la enzima no es un mesías del reciclaje, sino que aún debe ser tratada para poder ser usada en la industria.

Añade la divulgadora científica Alba Asenjo que la auténtica dimensión de esta enzima está determinada por el reciclaje de las botellas de plástico, que no pueden reciclarse al 100%. “Con este descubrimiento se pueden empezar a desarrollar mecanismos que conviertan el plástico en plástico de nuevo, y poder reutilizar todos los residuos plásticos para fabricar nuevos productos”.

Pero aunque la enzima pueda mejorar los procesos de reciclaje hay que hacer muchos cambios sociales para que esta mejora sirva de algo, ya que la cultura del reciclaje no está implantada en la mentalidad global. En todo el mundo se venden aproximadamente un millón de botellas de plástico por minuto, pero sólo el 14% de estas se recicla. Si no se revierte esta dinámica, estas enzimas no tendrán un efecto real en la gestión de los residuos plásticos pese a que tienen el potencial de convertirse en una herramienta que permita reciclarlos al 100%, un objetivo casi utópico que cada vez más parece más real.