La naturaleza nos lo permite todo

“Las innovaciones más grandes del siglo XXI nacerán en la intersección entre la biología y la tecnología”. La frase, anticipada por Steve Jobs, vislumbra ya la importancia de una nueva disciplina horizontal que se nutre de todas las demás, una ciencia y filosofía del descubrimiento que nos invita a aprender desde la naturaleza: la biomimética.

Todas las criaturas vivientes del planeta, sin excepción, son potenciales maestros y mentores, tal y como nos recuerda Jordi Pigem en afirmar que “allí donde hay vida hay inteligencia, y donde hay inteligencia hay vida”. Recordémoslo: toda la vida vegetal y animal -y por lo tanto, también la humana- está incluida en esa afirmación. Todos somos naturaleza.

Somos lo que somos, fruto de 3.800 millones de años de decisiones vitales explicadas por el darwinismo más puro o desde la perspectiva del gen egoísta, descrita por Richard Dawkins. La evolución, entendida como el proceso de selección de candidatos a la supervivencia más exigente que se conoce, se expresa en último término como un impulso de autorrealización que empuja a los seres vivientes a superarse mientras se adaptan a las condiciones de cada momento y de cada época.

Nuestros marcos mentales condicionan cómo entendemos la naturaleza, hoy en día principalmente con el uso de planteamientos causalistas y holísticos todavía demasiado rígidos. Nos resulta muy difícil aceptar la existencia de estados mentales y de conciencia en otras formas de vida o, incluso, en culturas alejadas de nuestro entorno. Los signos de los tiempos nos indican que es hora de cambiar los patrones mentales por patrones vitales.

 

Estamos en un cambio de época y por eso es hora de cambiar los patrones mentales por los patrones vitales.

 

Iniciamos así la publicación de este blog dedicado a la biomimética [Biomimètica 3C en Ara.cat], añadiendo una aclaración sobre su título. Las 3Cs hacen referencia a la conectividad, la colaboración y la creatividad. Puede parecer incluso excéntrico referirse a la naturaleza en estos términos, pero como explicaremos más adelante en posteriores artículos, son muchos y profundos los aprendizajes que podemos extraer.

El mundo, tal como lo entendemos, responde a una concepción antropocéntrica de la realidad que nos ha llevado a considerar todo lo que nos rodea como un recurso a explotar sin más lógica que la económica y sin otro horizonte que el crecimiento ilimitado.

La verdad, sin embargo, es que no hay otra realidad que las relaciones: vivimos en un conjunto de ecosistemas complejo y dinámico en el que todo es diverso y todo está interconectado.

Del mismo modo que Copérnico desató, con su teoría planetaria, una revolución científica que puso en crisis los paradigmas clásicos hasta conducirnos a la Ilustración, la conciencia de que no podemos desvincularnos de la naturaleza conlleva un cambio de valores, actitudes y propósitos que orientan la actividad humana hacia un futuro realmente sostenible desde el punto de vista ético, social y económico.

La biomimética nos aporta, en este sentido, un metamodelo que permite superar marcos conceptuales obsoletos y dar respuesta a los grandes retos globales, aportando soluciones innovadoras basadas en el estudio de patrones naturales y el mantenimiento de la cohesión y el equilibrio de una amplia variedad de sistemas.