Bosco Verticale (Milán)

A las ciudades les faltan pulmones. La gran mayoría tienen deficiencia de infraestructura verde pero a la vez necesidad de sus beneficios. Aun así, la falta de espacio impide satisfacer esta necesidad. Una solución es la que el Boeri Studio ha proyectado en Milán, el Bosco Verticale, dos edificios fruto del pensamiento biomimético que acogen toda la vegetación que cabría en un terreno de 10.000 m² en fachadas de 110 y 76 m. Así, se crean nuevos pulmones verdes sin tener que hacer grandes inversiones de terreno imposibles de asumir en pleno siglo XXI.

El arbolado se mantiene gracias a la incorporación de suelo fértil en balcones y un sistema de regadío que aprovecha el manto freático y las aguas grises producidas por el edificio. Es decir, la vegetación se alimenta con sistemas no-contaminantes ni abusivos. También conlleva muchos beneficios para sus habitantes: regula las temperaturas, elimina la contaminación acústica, reduce el consumo energético y renueva el oxígeno, entre otros.

Utilizar el pensamiento biomimético, por tanto, nos permite descubrir nuevos caminos para transformar la ciudad hacia unos modelos más naturales y sanos aprovechando al máximo el espacio disponible.

Gherkin Tower (Londres)

Aplicada a la arquitectura, la biomimética también permite instalaciones que funcionen con los mismos procesos que la naturaleza para favorecer los entornos sostenibles.

Un ejemplo es la famosa torre 30 St Mary Axe de Londres, también conocida como la torre Gherkin. Gracias a la imitación del sistema respiratorio de las esponjas marinas y las anémonas de mar, que utilizan los orificios y canales de su cuerpo para distribuir el oxígeno, ha creado un sistema de ventilación inteligente que proporciona aire a toda la torre de una forma eficiente que consume menos energía. Utiliza una doble fachada dividida en un exoesqueleto ligeramente separado de las paredes interiores, que crea canales de aire interiores. Así, en verano, el calor que se forma dentro del edificio huye y no suben las temperaturas, evitando el uso abusivo de aires acondicionados que consumen mucha energía. Asimismo, en invierno, este original sistema de ventilación mueve la calefacción por todo el edificio con más facilidad, por lo que se necesita gastar menos para calentar la torre.

Según las cifras oficiales de la torre Gherkin, gracias a esta estructura se gasta un 50% menos de energía que en torres de oficinas de dimensiones similares. Norman Foster, el arquitecto, asegura que «es la naturaleza la que regula y controla la temperatura del edificio«.