Arquitectura inspirada en la Naturaleza_

“Mirad la naturaleza, y acto seguido, lo entenderéis mejor”.

Esta cita, que se ha atribuido a Albert Einstein, da voz a una idea clave en el replanteamiento actual del mundo.

Aunque el término “biomimicria” es bastante reciente, el concepto, como se ha observado en entradas anteriores, es antiguo. De hecho, ya desde la época primitiva, los humanos han tenido que inventar y desarrollar herramientas y construcciones funcionales inspiradas en la naturaleza. Sin embargo, se puede decir que ahora hemos perdido la fusión y el respeto hacia la naturaleza. Si pensamos en la crisis ambiental actual, llegamos inevitablemente a la conclusión de que esta es toda la consecuencia de nuestras propias acciones. La arquitectura ha evolucionado sustancialmente en los últimos años y décadas, pero a pesar de este hecho, la gran mayoría de los proyectos de edificación que se están llevando a cabo actualmente casi no son diferentes a los de los últimos 200 años. Estas nuevas técnicas son, para la mayoría de las personas, una mera curiosidad arquitectónica o un ejemplo de creatividad artística, aunque a mucha distancia de la vida cotidiana de la mayoría de las personas. El uso de técnicas tradicionales no es inherentemente algo malo, pero lo cierto es que los métodos de construcción originados en la era industrial son especialmente perjudiciales para la vida en la tierra. Se trata de edificios eficientes, pero no son efectivos: reducen la necesidad del esfuerzo humano a la vez que cargan el resto de la naturaleza con este mismo esfuerzo.

A continuación, estas reflexiones nos llevan a repensar qué es practicar la arquitectura en un mundo donde es imprescindible actuar de manera sostenible y responsable. El arquitecto, más que nunca, debe desarrollar una conciencia crítica y en general debe demostrar que sólo mediante el uso de una arquitectura sostenible, que se inspira en los mecanismos eficientes de la naturaleza, podemos reconstruir la conexión profundamente arraigada del hombre con la naturaleza. En términos arquitectónicos, el “pensamiento biomimético” hace referencia a una investigación exhaustiva sobre mecanismos biológicos, que enriquecen nuestro concepto de sostenibilidad. El objetivo? Restablecer todos los funcionamientos y soluciones que la naturaleza nos ofrece para aumentar el bienestar de la humanidad.

 

Imagínese un edificio como un árbol y una ciudad como un bosque

Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things (2002),un trabajo fundamental para todos aquellos que quieran formar parte de una nueva revolución industrial basada en la prosperidad económica, la igualdad social y la inteligencia.

Las semejanzas entre los edificios y los seres vivos son más abundantes de lo que muchos podrían darse cuenta. Por lo tanto, el arquitecto debe tener en cuenta que el edificio del futuro debe parecer y sentirse mucho más como un organismo vivo en cuanto a su capacidad de respirar, sudar, adaptarse a las condiciones externas y al ciclo de la vida. Es decir, vivirá y morirá. ¿Qué pasa después de su “muerte”? Braungart y McDonough insisten en la idea de reciclar, volver a presentar y reinsertar materiales en un nuevo ciclo de vida. Han afirmado que las sustancias que forman seres vivos se utilizarán para generar nueva vida en el futuro: asimismo, el rechazo de un edificio no será desechos, sino que se transformará en los nutrientes necesarios para dar vida a los nuevos productos. Es así como aún se puede enriquecer la noción arquitectónica de biomimicària, lo que significa no sólo aumentar los frutos de nuestros esfuerzos encontrando inspiración en la naturaleza, sino también cuestionar desde el principio el valor que tienen determinados materiales, diseños y métodos de construcción en relación a un principio rector de admiración sagrada hacia nuestro entorno. ¿Qué significa esto? Semejante al funcionamiento de la naturaleza, minimizar la necesidad de materiales de producción y el consumo de energía son dos de los principios clave que hay que incluir en el diseño biomimético.