Cebras, barcos y camuflaje

A finales de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña se enfrentaba al desgaste prolongado de su flota marítima tras años de conflicto. Los U-Boot, naves submarinas del ejército alemán, torpedeaban de forma extraordinariamente efectiva los barcos mercantes y de defensa de la triple entente, poniendo en serias dificultades el control y mantenimiento de sus rutas marítimas de abastecimiento. Para intentar revertir esta situación, una de las respuestas fue la llamada «Dazzle Section». Se trataba de una nueva división naval mercante pintada de una forma muy diferente a lo visto hasta entonces. El gris metal, clásico en los barcos de la armada, fue sustituido por chocantes patrones de rayas, generalmente en blanco y negro, que alteraban la percepción en cuanto a magnitud del barco y distancia a la que se encontraba el observador.

La estrategia no era la de mimetizarse si no la de hacerse ver de una forma distorsionada, alterando la percepción de la posición y trayectoria de la nave para que los submarinos errasen el tiro de sus torpedos. Esta distorsión de la perspectiva sería creíble sólo cuando el barco se encontrara relativamente lejos pero éste era un factor clave del ataque de los U-Boot. Los submarinos debían actuar necesariamente desde lejos. Había dos motivos importantes para ello: evitar un contraataque desde el barco y la necesidad de que el torpedo necesitaba hacer un recorrido mínimo para que estuviera correctamente armado.

La distancia era importante y este era el punto débil que explotaba este tipo de camuflaje. En medio del mar, sin ninguna referencia cartográfica posible, la detección de la posición y trayectoria parecía una tarea difícil. La identificación del tipo de barco permitía conocer sus dimensiones y de esta manera poder operar ciertos cálculos trigonométricos. Determinar hacia dónde iba la nave de la forma más exacta posible era una tarea determinante. Un error de unas decenas de grados hacía que el torpedo no hiciera blanco. Alzado el periscopio, sólo la experiencia y agudeza visual del comandante permitían el tiro. Hablamos de una época en que el radar o el cálculo numérico asistido por computador no existían. Por ello, la interpretación humana era determinante y en eso es en lo que se basaría el engaño del que estaríamos hablando: El camuflaje disruptivo.

Este tipo de camuflaje, atribuida al artista marino Norman Wilkinson, jugaba con alterar la perspectiva del observador usando patrones que distorsionaran las verdaderas formas del barco. Para evitar cualquier contrainteligencia no existian dos naves con el mismo patrón, evitando así cualquier entrenamiento del ojo del enemigo.

Aunque hay evidencias de la utilidad de este tipo de camuflaje, lo cierta es que nunca se ha podido estimar su eficacia ante los U-Boot. En cualquier caso tal manera de pintar entró pronto en desuso, en parte debido al coste que suponía la personalización y mantenimiento de este tipo de camuflaje y a la llegada de la tecnologías de detección como el radar, que prescindía de toda interpretación humana, hasta entonces esencial.