Una visión ampliamente evolutiva de la energía

Pensar en energía equivale a menudo a adentrarse en constructos propios de la ingeniería o, como mucho, viajar hasta las fronteras de la física conocida. Es precisamente en estas zonas difusas donde la exposición «Ultraenergia, el juguete eléctrica como realidad anticipada», organizada por la Fundación Lluís Coromina, nos invita a ir más allá, transitando entre la ciencia, la filosofía, las artes y las ciencias sociales.

La exhibición presentada en el Espacio Eat Art de Banyoles es en realidad una provocación distópica que, desde una perspectiva de Retrofuturo, quiere poner de manifiesto que otro tipo de energía, la humana, tiene un profundo papel transformador capaz de revertir el daño ocasionado al planeta.

Es en este punto donde arranca, precisamente, la intervención con la que Pere Monràs, presidente del Instituto de Ciencias Biomiméticas, inició el ciclo de conferencias que han ido aportando contexto a esta exposición.

Una energía transformadora … e inestable

Desde sus inicios como Homo Sapiens, la humanidad ha focalizado sus esfuerzos en canalizar las energías naturales y convertirlas en medio para sus propósitos. Pero como Pere Monràs nos hace notar, existe un conjunto de energías con un gran potencial transformador como la energía mental, la energía vital (expresada desde la voluntad de ser) y la energía consciente. En este sentido, la expresión de más amplio alcance es la de la red conectada, base para la conciencia colectiva, que estimula la enorme plasticidad neuronal de nuestra especie -gran ventaja evolutiva que nos ha permitido llegar hasta nuestros días- y activa todas nuestras potencialidades.

Este proceso desarrollado en el tiempo nos ha conducido hasta un punto de inflexión en el que convergen tres vectores de aceleración creciente: la incertidumbre de futuro causada por el cambio climático, el desconcierto que nos generan tecnologías disruptivas y una globalización materializada en modelos financieros dominantes y deshumanizados. Una situación que nos crea una aguda ansiedad cultural por no estar a la altura de los tiempos y de poderse adaptar al ritmo que corresponde.

El lenguaje de la complejidad

La complejidad, en opinión de el presidente del BSI, es el punto sobre el que pivota nuestra sociedad actual, el mundo interconectado en el que vivimos. Esta es la razón por la que, a su papel, resulta imprescindible transversalizar conocimientos y desplegar una estrategia de desarrollo bien conocida en la naturaleza: la hibridación.
Siguiendo este principio, dos entidades se fusionan para dar lugar a una nueva que las supera en capacidades y potencialidades. El reto es ahora replicarlo en ámbitos absolutamente diversos como por ejemplo, la hibridación de las ciencias y las artes creativas.
Una nueva situación que requiere nuevos lenguajes. En este sentido, Pere Monràs propone que se dé más protagonismo al lenguaje creativo, menos manipulable que la palabra.