¿Sueñan los ingenieros con abejorros eléctricos?

Este artículo es un pequeño homenaje del libro de Phillip K. Dick, “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, el cual inspiró la película Blade Runner a Ritley Scott.

El libro y la película muestran un mundo en el que tecnología y bioingeniería permiten hacer una copia perfecta de un ser inspirado en la naturaleza, e incluso realizar una versión mejorada. En la película, J.F. Sebastian es el ingeniero que, como una especie de moderno Prometeo, basándose en la naturaleza, crea el Nexus VI.  

En la vida real el papel del ingeniero no es todavía jugar a ser dios, aunque su rol es esencial en el mundo moderno, ya que hace de puente entre el conocimiento y la solución aplicada a los problemas concretos. La metodología para hacer esto es diversa: la física (mecánica o electrónica), con sofisticadas simulaciones, permite definir aquello que será la solución. Pero para llegar a este punto a menudo se tiene que utilizar una precisa observación de los procesos naturales, que llegan a ser fuente de inspiración para conseguir respuestas plausibles.

Hay ejemplos conocidos de esta dinámica, como el Velcro, inspirado en semillas de la bardana; también la forma de pico pato de los trenes de alta velocidad, o las redes de neuronas como base para la inteligencia artificial. Todas ellas son formas inspiradas en una solución que ha sido exitosa en la naturaleza.  

A pesar de todo, es una tentación pensar que con nuestra capacidad transformadora, la supuesta “superioridad” del hombre en frente de la naturaleza, podríamos, desde este punto de vista, ahorrarnos de observarla.

El abejorro de la NASA

Hay un dicho en la NASA, como advertencia a los ingenieros, que dice que “es aerodinámicamente imposible que un abejorro pueda volar. El problema es que él no lo sabe”. Lejos de que la física esté equivocada, el problema estriba en el hecho de que utilizamos la razón basándonos en unas asunciones incompletas.

La mente humana, como cualquier sistema dentro o fuera de la naturaleza, tiene sus limitaciones y miradas sesgadas. De alguna manera, la mente impone un tipo propio de diseño que no tiene que ser el que la naturaleza encontraría.