La aproximación biomimética en la medicina

La grandeza de la ciencia biomimética recae en su horizontalidad, que nos permite aplicar los patrones vitales y naturales a muchos campos de la expertez humana. Uno de ellos, vital para el desarrollo y bienestar de las personas, es la medicina. Gracias a acercar la visión biomimética a los estudios de la salud, se abren nuevas vías para tratar enfermedades. Es posible, por tanto, desenrocar el estado actual de algunas líneas de investigación y desarrollar soluciones mucho más eficaces y respetuosas con nuestra propia naturaleza.

Aunque, en un vistazo, los diseños biológicos pueden no parecer el máximo de óptimos como inspiración para el terreno médico y que, según algunos discursos hegemónicos, se presente la especie humana como una especie postnatural (es decir , por encima de la naturaleza, que ha encontrado la forma de superarla), décadas de investigación han demostrado que las soluciones biológicas son altamente tolerantes contra el daño y muy flexibles para adaptarse a nuevas situaciones y usos. No se puede obviar que las personas aún tenemos mucho que aprender de la naturaleza.

Las soluciones biológicas son altamente tolerantes contra el daño y muy adaptables.

Un ejemplo de esta aproximación biomimética en el campo de la medicina nos viene de la mano de Bionure, que ha decidido atraer estos conocimientos biomiméticos a sus procesos de investigación para desarrollar nuevas terapias que puedan tratar enfermedades del cerebro. Este órgano, que es una de las estructuras más sensibles al daño tanto por su enorme complejidad como por el camino que la evolución ha escogido para su desarrollo, tiene unas respuestas naturales que utiliza cuando tiene que hacer frente a los daños. La empresa, mediante la activación de estas respuestas, despierta los mecanismos de reparación necesarios para tratar y proteger contra problemáticas y enfermedades concretas. Es lo que se llama la aproximación neuroprotectora, una aproximación de sistemas que resalta las oportunidades que los genes, moléculas y células cerebrales proporcionan para el desarrollo de terapias neuroprotectoras.