Tres E para construir un nuevo futuro

Cuando se realiza un proyecto se deben tener en cuenta las tres E: eficacia (saber), efectividad (hacer bien) y eficiencia (hacerlo con el mínimo coste). Aun así, dependiendo de los intereses del impulsor, algunas personas dan preponderancia a unas sobre las otras.

Por un lado, encontramos los que de manera exclusiva contemplan la eficiencia y la consideran casi el único indicador que vale la pena. La única explicación sobre el porqué de esta consideración es, simplemente, que el dinero mueve el mundo (la economía es hegemónica) y la eficiencia permite cuantificar resultados y beneficios. Esto, sin embargo, obvia el valor de lo intangible, también importante y crucial. Este perfil de acción es muy habitual en los proyectos promovidos desde el campo de las finanzas y similares, por los que la sentencia a acuñar es: «lo que no se puede contar no cuenta«.

Otros colectivos inclinan por focalizarse en la efectividad. Son aquellos por quienes lo más importante es hacer bien lo que toca hacer, independientemente del coste de llevarlo a cabo. Un ejemplo más específico: aquellos que dicen, con ostentación, que la salud no tiene precio y reniegan de aceptar que toda actividad profesional cuesta dinero. Es un principio básico de la economía; toda actividad tiene un coste, toda deuda tiene un plazo y toda inversión aspirará a un retorno.

 

La clave del éxito subyace en saber combinar las tres E: eficiencia, eficacia y efectividad.

 

Por último, están los que creen firmemente en la eficacia, es decir, saber lo que hay que hacer. Son expertos en el diagnóstico de los problemas y en la acumulación de conocimiento para conseguirlo. Son sabios en alguna temática o especialistas en encontrar causas y relaciones (depende de su estado de conciencia). Esto conlleva, a veces, que por su extrema especialización terminan ignorando el todo (el contexto y el pretexto), y ejercen sin relación con el sentido y el propósito de que se hace.

Estos casos de «especialismo» son consecuencia de las realidades científicas contemporáneas. La ciencia, motor de la tecnología y responsable de la mayor prosperidad material los últimos dos siglos, ha tendido a tomar dos caminos: uno es el almacenamiento del conocimiento para hacer un oligopolio (camino que provoca este «especialismo»), y el otro es el de la ciencia del descubrimiento, que explora las fuentes del conocimiento teniendo la naturaleza y los patrones vitales como referente (la biomimética: imitar la vida).

Así pues, es fácil imaginar que el éxito recae en el equilibrio. Tener siempre en cuenta las tres E nos permitirá saber qué hacer, hacerlo como es debido y, además, conseguir los más altos márgenes de explotación posibles. Ven la parte y el todo, lo que se ve y lo que no se ve, revisan el pasado para enriquecer el presente y poder, así, diseñar un futuro que rompa la tendencia. Y, gracias a ello, evolucionamos en todos los campos de la actividad humana.

Este último punto es especialmente relevante. Observar la evolución nos permite comprender lo que pasa, cambiar el zoom -que siempre es centrado en nuestro tiempo, descuidando el tiempo evolutivo de la especie-, y nos proporciona lucidez para poder contribuir en la construcción de este nuevo futuro. Y es en este sentido que es necesario que nuestros proyectos y actividades, con el fin de formar parte de la evolución de la especie, se planteen desde la eficacia, la efectividad y la eficiencia.