Tenemos que volver a mirar la naturaleza

«Un pez me miró a los ojos y me habló. No, no estoy loco. El pescado se comunicó conmigo». Con esta anécdota comienza Javier Collado su charla. No está loco, no; ha aprendido un lenguaje nuevo, el lenguaje de la naturaleza. No «habló» per se con el pescado, pero sí le comprendió. Entendió la conciencia natural, que va más allá de las palabras.

Esta forma de comunicación nos permite comprender cómo los indígenas americanos vivían la naturaleza. Aseguraban que podían hablar con las montañas, las plantas y los animales, pero obviamente no tenían un diálogo construido con palabras sino con comprensión, aproximación y entendimiento. Es una reciprocidad sin egoísmos en la que se cambia nuestro lenguaje habitual por una relación basada en la empatía. Entendemos el otro ser, su existencia y sus necesidades.

Por citar un ejemplo, poco académico pero con un gran impacto popular, miremos la canción de la película infantil «Pocahontas», «Los colores del viento«. En esta canción, una joven indígena americana describe con mucha belleza como se comunica su sociedad con el mundo que le rodea y ridiculiza la visión desconectada del entorno que imperaba (y sigue imperando) en las realidades europeas, que bajo el nombre de la modernidad y el cosmopolitismo han cortado los vínculos con la naturaleza, la madre que une a todos con todo.

“Me ves ignorante y salvaje
y conoces mil lugares
quizás tengas razón.
[…]
Te crees es tuyo todo lo que pisas
te adueñas de la tierra que tu ves
mas cada árbol, roca y criatura
tiene vida tiene alma es un ser.”

Collado así lo anuncia: desde la Revolución Industrial, el sistema globalizado neoliberal ha demostrado ser insostenible. Esta construcción de una sociedad que obvia las relaciones naturales no sólo no tiene futuro, sino que destruye las esperanzas de crear uno diferente.