Las aportaciones de la biomimética

La biomimética, al mismo tiempo concepto y práctica, representó un avance en la teoría evolutiva de Darwin y un aporte a la sociedad para comprender las limitaciones del antropoceno y articular su superación.

Sus orígenes están en Lynn Margulis (1938-2011), que, con su trabajo como bióloga, teorizó sobre la simbiogénesis, que explica cómo los organismos tenderíamos a organizarnos en consorcios: «la vida «independiente» tiende a juntarse y a resurgir como un todo nuevo en un nivel superior y más amplio de organización «. Margulis formula que las bacterias, que hasta mediados del siglo XX sólo tenían interés para la bacteriología médica, son las artífices de la complejidad de la célula eucariota y de los actuales refinamientos de los diferentes organismos.

El aprendizaje que se puede extraer de la tesis de Margulis es que la vida es una evolución constante, y que en ella podemos encontrar los factores más relevantes de la regeneración celular y del desarrollo de los organismos. Se destapan así elementos sustanciales del porvenir de los organismos vivos, ampliando el campo a la vez que igualando la visión de la vida sin dominancias de un tipo sobre otros. Su teoría es manifiestamente bondadosa y respetuosa con la biodiversidad y los ecosistemas que lo acogen.

La teoría de Lynn Margulis ve la vida sin dominancias de un tipo sobre otros. Es bondadosa y respetuosa con la biodiversidad.

Años más tarde, Janine Benyus conjugó las tesis fundacionales del Biomimicry Institute, que ha contribuido de forma notable a la expansión de la biomimética aplicada a todas las disciplinas. Dice la reseña editorial de su libro Biomimicry, «[Benyus] nombra una disciplina emergente que emula los diseños y procesos de la naturaleza (por ejemplo, células solares que imitan hojas) para crear un planeta más saludable y sostenible. Desde la publicación del libro en 1997, la práctica biomimética de Janine ha ido evolucionando, y al mismo tiempo, a través de charlas, explicó todo el mundo sobre qué podemos aprender del genio que nos rodea«.

En la web de Biomimicry Institute explican sobre la organización que «el año 2006 [Benyus] confundó el Biomimicry Institute, una asociación sin ánimo de lucro dedicada a hacer de la biología una parte natural del proceso de diseño. El Instituto acoge concursos anuales de diseño biomimético sobre problemas de sostenibilidad masiva, movilizando a decenas de miles de estudiantes y profesionales a través de la Red Global de Biomimicry para resolver estos retos y proporcionar a los usuarios la base de datos de inspiración biomimética más completa del mundo, AskNature, para utilizarla como lugar de partida».

Gracias a la biomimética entenderemos qué podemos aprender del genio que nos rodea, la naturaleza.

Todas estas aportaciones tienen un factor común: la naturaleza, entendida bajo el concepto global de la vida, sea vegetal, animal o humana. La importancia de estos metamodelos es que nos permitió observar y comprender un nuevo tipo de relaciones basadas en la lógica relacional, y que ya han superado la pura lógica racional aportada por la Ilustración. Ya no nos es suficiente la visión newtoniana ni la teoría de la causalidad. Para entender la nueva realidad, basada en la complejidad, necesitamos estos nuevos modelos vitales.

Byung-Chul Han lo expresa muy bien en decir que «el modelo de la causalidad no es capaz de describir relaciones complejas. La vida orgánica se sustrae a la relación de causalidad. En oposición a la cosa inanimada y pasiva, el organismo no permite sin más que la causa exterior llegue a repercutir en él sin su intervención. […] la peculiaridad del viviente consiste en interrumpir la causa exterior, transformándola y haciendo empezar en sí algo nuevo. Por ejemplo, aunque el viviente necesita alimento, el alimento no es la causa de su vida. […] el viviente reacciona con autonomía en el externo.»