El progreso de la economía en azul

Corría el año 92 cuando una fábrica de detergente belga sorprendió al mundo con su radical visión de la sostenibilidad. Estaba hecha de madera, en el techo se sembraban flores, sus trabajadores iban en bicicleta, todos sus vehículos funcionaban con biodiésel y, lo que es más importante, producía cero emisiones, ningún desecho. Sólo había un problema: para funcionar dependía del aceite de palma, y ​​al mismo tiempo que reducía su huella ecológica iba destruyendo los bosques tropicales de Indonesia. Esta contradicción fue el punto de partida para que el principal socio y director de EcoverGunter Pauli, vendiera sus acciones y se propusiera impulsar un nuevo modelo de progreso, conocido como Economía Azul.

Esta visión de la economía se basa en la biomiméticapara defender que sólo tenemos que emular los ecosistemas naturales para ser eficientes en la producción de bienes y servicios que necesitamos, cambiando los procesos productivos de manera que los desechos pasan a ser consideradas recursos, maximizando su rendimiento.

Si es cierto que la realidad depende del color del cristal a través del que se mira, en economía no es menos verdad. Frente a la Economía Negra, centrada en el uso de combustibles fósiles altamente contaminantes, surgieron desde las Naciones Unidas propuestas que dieron lugar a la Economía Verde, basada en un uso eficiente de los recursos que, como consecuencia, reduce las emisiones de carbono. Esta propuesta se puede interpretar como una mejora del modelo económico vigente y por tanto considera que son las instituciones las que deben comprometerse para revertir la situación.

 

La Economía Azul propone una democratización de la economía protagonizada por la inteligencia colectiva del bottom up.

 

La Economía Azul, por el contrario, defiende un modelo económico nuevo en el que son las personas con su inteligencia colectiva y no los gobiernos los que tienen la capacidad de buscar soluciones viables y sostenibles para el conjunto de la sociedad. Según Pauli, la clave está en “democratizar la economía”, superando la dialéctica de lo propio, excluyendo de lo común.

 

Ecología ‘low-cost’

Actualmente el estilo de vida “eco” se ha convertido prácticamente en un símbolo de estatus, ya que sus productos son bastante más costosos que los que se pueden conseguir usualmente en el mercado. Éste es, según los defensores de la Economía Azul, un error fundamental del actual diseño económico. Si se aprovechan los recursos localmente disponibles y se aplican innovadores procesos biomiméticos, será posible obtener productos de calidad, sostenibles y sanos para todos, a un coste realmente bajo. De rebote, se prevé que con este enfoque económico en diez años se creen millones de puestos de trabajo.

Con este propósito se puso en marcha el programa ZERI (Zero Emission Research Initiative) apoyado por las Naciones Unidas para promover innovaciones y proyectos educativos sin emisiones ni generación de residuos.