Una cadena de favores bien natural

La visión que nos muestra una naturaleza dominada por el conflicto y la competencia ha servido muchas veces como justificación para organizaciones sociales y modelos económicos que obvian el hecho de que, en gran parte, la historia de nuestra especie es la historia de la cooperación.

También entre el resto de seres vivientes los individuos tienen muchas más razones para establecer relaciones cooperativas que no luchar por los mismos recursos, a menos que nos situemos en un contexto de aguda escasez. Tal como señala el antropólogo Eudald Carbonell, las especies incompetentes son las que compiten, por su incapacidad para cooperar o adaptarse.

Las manadas de lobos o hienas tienen más probabilidades de capturar presas de mayor tamaño, al igual que hacían los Neanderthales con los mamuts.

Los pingüinos Emperador conservan su calor corporal formando agrupaciones que reducen el impacto de los vientos glaciales en su cuerpo. Algunas arañas prefieren compartir su alimento a cambio de tejer una tela más grande con otros congéneres que les permita atrapar más víctimas.

La simbiosis (o mutualismo) es una forma de cooperación ampliamente extendida entre especies que beneficia a ambas, a diferencia del parasitismo que sólo beneficia a una de ellas a costa del perjuicio del huésped, al que raramente le produce la muerte. Podríamos decir, en este último caso, que se trata de una relación de predación duradera en el tiempo.

Las fronteras entre una y otra, sin embargo, son a veces difundidas tal como nos muestra la relación que mantienen las hormigas con sus «mascotas», los pulgones.

Los pulgones verdes y otros áfidos son muy eficientes extrayendo savia de las plantas, pero tienen muchos problemas para digerirla. En consecuencia, producen una secreción muy rica a un ritmo muy intenso, que es aprovechada por las hormigas por su valor nutritivo.

 

Los pingüinos Emperador, algunas especies de arañas y la simbiosis entre pulgones y hormigas son algunos ejemplos de cooperación natural.

 

¿Y qué ganan en este caso los pulgones? Las hormigas no tendrían demasiado futuro como succionadores, pero sus mandíbulas son muy disuasorias frente al intrusos.

Esta relación «feudal» de alimento a cambio de protección se ve alterada cuando la parte más débil voz la oportunidad de adaptarse a la situación para beneficio propio. Es lo que el estudio participado por el CSIC y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) describe como «biomimética agresiva». Según este trabajo, algunos pulgones han aprendido a imitar las sustancias que emiten las larvas de la hormiga Tetramorium de modo que consiguen hacerse pasar por ellas. Una vez han sido trasladadas a la cámara-guardería se convierten en auténticos «vampiros», succionando la hemolinfa de las larvas.

Es el primer caso descrito entre estas especies en las que un comportamiento tan destructivo coexiste con una relación de mutualismo.

Una razón esencial para cooperar, tal como hemos visto, es garantizar el acceso a los recursos. En sentido productivo, esta estrategia tiende a prevenir situaciones de escasez asegurando un buen suministro o, en sentido más defensivo, impidiendo que otros se apropien.

 

Es posible cambiar el concepto de qué es recurso y qué es residuo si se tiene la capacidad de reconocer los costes globales reales que una decisión económica tiene en el sistema.

 

La evolución de estas estrategias tiende a ser evolutivamente estable, es decir que una vez adoptada por una población (o poblaciones cooperantes) desarrolla mecanismos para que no sea invadida por ninguna otra estrategia alternativa.

Como nos enseñan las hormigas con su relación con los pulgones, las relaciones de cooperación / competición pueden cambiar drásticamente si se contempla un residuo como un recurso precioso aún para utilizar. Las acacias que viven en el desierto conservan una cantidad sorprendentemente alta de ramas secas. La mayoría de árboles se desprenderían pero ellas no lo hacen porque su sombra protege de la evaporación las partes vivas y el suelo que lo alimenta.