Entender cómo piensan las abejas

Abel Cobos

10/10/2017

La inteligencia que desarrollan las colonias de hormigas, abejas o termitas, los bancos de peces o las bandadas de pájaros no es esencialmente individual sino colectiva. Es decir, la abeja no se manifiesta como una ingeniera natural pero sí lo hace su colonia que, de forma comunitaria a través de interacciones casi mecánicas, tiene la capacidad de realizar operaciones increíblemente complejas, como podría ser, en este caso, la construcción de la colmena.

Esta inteligencia, que permite asignar tareas según necesidades, defender los territorios y encontrar las formas de actuar más eficientes que impliquen menos gasto de recursos, es la que se conoce como «inteligencia de enjambre (swarm intelligence)».

 

Gracias a la inteligencia de enjambre, las comunidades pueden responder con eficacia a los retos de formas que serían imposibles de asumir individualmente.

 

Pero, como se produce este fenómeno? Como es posible que, sin una mentalidad capaz de planear grandes estrategias y decidiendo solo a través de las interacciones, estos seres vivos puedan descifrar los códigos necesarios para llevar a cabo acciones tan complejas?

Desde la mentalidad jerárquica que impera hoy en día todavía en muchas organizaciones, la respuesta sería fácil: se trataría de una comunidad bien dirigida por sus líderes, que dan órdenes claras para el correcto funcionamiento comunitario. La ciencia, sin embargo, refleja este pensamiento: son comunidades sin líder y, sin embargo, funcionan mejor que muchas organizaciones humanas y jerarquizadas, según explica Peter Miller en National Geographic. Las colonias de hormigas, por ejemplo, tienen una reina. Más allá de tener funciones de liderazgo, sólo se encarga de la reproducción.

Sin liderazgo, lo que queda es la funcionalidad. En la inteligencia de enjambre todo miembro de la comunidad tiene claras sus funciones. Las reglas de conducta y la asignación de tareas se produce dentro del propio individuo como conclusión de las interacciones con sus semejantes, que van transmitiendo la información local. Que hay poca comida? Los recolectores vuelven a buscar. Que se ha roto una parte del nido? Los constructores van a repararla.

No hay líderes. No hay nadie que diga qué debe hacer cada uno. Todos, a partir de la poca información que reciben, saben cómo deben actuar y cuáles son sus objetivos. Interactúan entre ellos en términos de igualdad y sin egoísmos. La swarm intelligence aborda la complejidad con simplicidad: seres simples siguiendo reglas simples con resultados extraordinarios. Estas «reglas simples» corresponden a algoritmos naturales que pueden ser analizados y reproducidos.

Aunque los humanos no tenemos la capacidad innata de interactuar a través de una inteligencia de enjambre, podemos integrarla en nuestra vida para encontrar respuestas útiles a nuestros problemas.

 

Un ejemplo es tecnológico: los drones. A través de los algoritmos de la inteligencia de enjambre estos aparatos se pueden programar para conseguir los resultados más eficientes y con mayor capacidad de respuesta. Si hubiera problemas inesperados, a través de transmitirse información unos a otros, podrían superarlos sin tener que necesitar la coordinación de una persona a distancia.

Los drones pueden servir para situaciones extremas como podrían ser los incendios, en los que un despliegue de helicópteros es muy costoso (y los drones salen más económicos) y que hay un componente azaroso y de caos que necesita una gran coordinación espontánea (que queda cubierto gracias a la programación con algoritmos de enjambre).

 

La inteligencia de enjambre, aplicada a las organizaciones, dota a los miembros de más autonomía. Esto permite superar los obstáculos de la forma más efectiva posible.

 

Estos sistemas de inteligencia de enjambre no sólo son aplicables a la inteligencia artificial, sino que también permiten a las organizaciones tener más agilidad a la hora de reaccionar. Gracias a la forma en que articulan la responsabilidad y funcionalidad, dotan de mayor autonomía a los miembros, que conocen claramente cuáles son sus funciones y, en momentos de incertidumbre, permite superar los obstáculos para salir lo mejor parados posibles.

La naturaleza siempre encuentra la salida a sus problemas y siempre explora la vía más provechosa y simple. Nosotros tenemos la oportunidad de imitarla y mejorar nuestras formas de funcionar. La inteligencia de enjambre es uno de los muchos ejemplos que podemos descubrir.