Lecciones de la naturaleza para una economía circular

Jordi Carrasco

18/03/2019

La economía circular encuentra en en la biomimética un paradigma que le permite entender la actividad productiva como parte de un sistema metabólico en el que los residuos pasan a convertirse en materias primas y éstos en productos.

A diferencia de lo que sucede en los ciclos naturales que se dan en la Tierra, manteniéndose siempre en un equilibrio dinámico alimentado por la energía solar, nuestros procesos son básicamente unidireccionales, comportándose como si los recursos de este sistema no fueran finitos.

Con la intención de compartir esta visión, el Instituto de Ciencias Biomiméticas  realizó el pasado 12 de febrero una charla en el Ateneu Barcelonès  invitado por la Sección de Ecología y Recursos Naturales de esta entidad.

Bajo el título “Lecciones de la naturaleza para una economía circular”, quisimos poner de relieve en este espacio de debate la insostenibilidad de seguir ignorando esta realidad desde un modelo económico carente de perspectiva holística.

Partiendo de un ejemplo tan cotidiano como el teléfono móvil, el asesor del BSI y experto en economía circular Miquel Vidal mostró hasta qué punto estamos sobreexplotando los recursos. Cerca de la mitad de los elementos que componen la tabla periódica podrían agotarse en un futuro próximo si seguimos empleándolos intensivamente en la fabricación de unos dispositivos que se renuevan a gran velocidad. Basta ver cómo tan sólo en un mes, en la Unión Europea se tiran o reemplazan 10 millones de móviles que se suman a los 2,5 billones de toneladas vertidas al año por los 28 estados miembros.

¿Podemos aspirar a encontrar en la naturaleza respuestas a un problema creado exclusivamente por humanos?

Para ello es preciso recuperar una perspectiva evolutiva, de la que claramente nos hemos alejado y estar dispuestos a reconocer que, de la misma manera que los sistemas vivos no pueden substraerse al efecto de determinadas condiciones operativas como la luz solar, el agua o la gravedad nuestros desarrollos deben regirse bajo las mismas normas de “biocompatibilidad”. Partiendo de estas coordenadas, en mi intervención expuse cómo determinados principios vitales, como por ejemplo el del uso de materiales y energia localmente disponibles, pueden aplicarse desde una inspiración biomimética para generar energía eléctrica al subir y bajar escaleras mediante tecnología piezoeléctrica.

A un nivel más amplio, encontramos en las biorefinerías una magnífica aplicación de la biomimética en la economía circular. Éste es el caso de las experiencias descritas por Gunter Pauli tras realizar ensayos con cinco centrales térmicas en Brasil, de las que se pudo extraer biodiesel, esteres y proteínas nutritivas mediante el cultivo de algas en las represas de agua, con una aportación de oxígeno muy relevante durante el proceso. Desde una perspectiva ecosistémica, la simbiosis lograda en la pequeña población de Kalundborg constituye un gran ejemplo de ecología industrial en la que gran diversidad de factorías logran cerrar ciclos intercambiando subproductos y recursos energéticos de forma redundante y descentralizada. La bioinspiración bajo criterios de biomímesis nos permite construir con hormigón que es capaz de repararse a sí mismo , climatizar edificios a 42º sin necesidad de aire acondicionado, utilizar material quirúrgico resistente a las infecciones bacterianas sin emplear antibióticos o ahorrar hasta un 10% en los sistemas de climatización logrando que éstos se comuniquen entre sí como harían las abejas. Todos estos ejemplos, y muchísimos otros que podrían citarse, nos cuentan con una elocuencia sorprendente que tenemos a nuestro alcance soluciones que pueden resultar determinantes para reorientar nuestro futuro. Lecciones de la naturaleza que tan sólo debemos estar dispuestos a escuchar.