Una visión ampliamente evolutiva de la energía

Jordi Carrasco

07/02/2019

Pensar en energía equivale a menudo a adentrarse en constructos propios de la ingeniería o, como mucho, viajar hasta las fronteras de la física conocida. Es precisamente en estas zonas difusas donde la exposición «Ultraenergia, el juguete eléctrica como realidad anticipada», organizada por la Fundación Lluís Coromina, nos invita a ir más allá, transitando entre la ciencia, la filosofía, las artes y las ciencias sociales.

La exhibición presentada en el Espacio Eat Art de Banyoles es en realidad una provocación distópica que, desde una perspectiva de Retrofuturo, quiere poner de manifiesto que otro tipo de energía, la humana, tiene un profundo papel transformador capaz de revertir el daño ocasionado al planeta.

Es en este punto donde arranca, precisamente, la intervención con la que Pere Monràs, presidente del Instituto de Ciencias Biomiméticas, inició el ciclo de conferencias que han ido aportando contexto a esta exposición.

 

Una energía transformadora … e inestable

Desde sus inicios como Homo Sapiens, la humanidad ha focalizado sus esfuerzos en canalizar las energías naturales y convertirlas en medio para sus propósitos. Pero como Pere Monràs nos hace notar, existe un conjunto de energías con un gran potencial transformador como la energía mental, la energía vital (expresada desde la voluntad de ser) y la energía consciente. En este sentido, la expresión de más amplio alcance es la de la red conectada, base para la conciencia colectiva, que estimula la enorme plasticidad neuronal de nuestra especie -gran ventaja evolutiva que nos ha permitido llegar hasta nuestros días- y activa todas nuestras potencialidades.

Este proceso desarrollado en el tiempo nos ha conducido hasta un punto de inflexión en el que convergen tres vectores de aceleración creciente: la incertidumbre de futuro causada por el cambio climático, el desconcierto que nos generan tecnologías disruptivas y una globalización materializada en modelos financieros dominantes y deshumanizados. Una situación que nos crea una aguda ansiedad cultural por no estar a la altura de los tiempos y de poderse adaptar al ritmo que corresponde.

 

El lenguaje de la complejidad

La complejidad, en opinión de el presidente del BSI, es el punto sobre el que pivota nuestra sociedad actual, el mundo interconectado en el que vivimos. Esta es la razón por la que, a su papel, resulta imprescindible transversalizar conocimientos y desplegar una estrategia de desarrollo bien conocida en la naturaleza: la hibridación.
Siguiendo este principio, dos entidades se fusionan para dar lugar a una nueva que las supera en capacidades y potencialidades. El reto es ahora replicarlo en ámbitos absolutamente diversos como por ejemplo, la hibridación de las ciencias y las artes creativas.
Una nueva situación que requiere nuevos lenguajes. En este sentido, Pere Monràs propone que se dé más protagonismo al lenguaje creativo, menos manipulable que la palabra.

 

 

 

 

 

Dispuestos a dar el salto?

Desde una perspectiva evolutiva, la creciente complejidad en la que el ser humano está siendo sometido está dando lugar a nuevas necesidades a las que se deberá dar respuesta desarrollando nuevas funcionalidades. Del mismo modo que, en un momento determinado de la historia de los homínidos una mutación hizo posible el lenguaje articulado en los Sapiens, no es improbable que nuestra especie acabe desarrollando otras capacidades cognitivas que nos permitan adaptarnos a estos nuevos entornos.

Precisamente lo que nos hace más humanos y que nos diferencia de la inteligencia artificial como la creatividad, los valores, la empatía y muchos otros atributos, pueden abrir el camino a un estado de percepción y de conciencia muy superiores a actuales.

Esta es la hipótesis de que Pere Monràs tira cuando se le pregunta por la dirección en la que estamos evolucionando: el arte como necesidad para integrar una gran diversidad de lenguajes y dotarlos de una materialización de lo que podríamos llamar energía consciente.

Ya no estaríamos hablando, por tanto, del lenguaje para transmitir información sobre lo que es conocido, sino que la gran revolución cognitiva se daría al encontrar una vía para expresar lo que todavía no existe.

Si esta evolución se acabará produciendo por un desarrollo progresivo de nuevas capacidades o por la intervención disruptiva de una mutación biológica o hibridación tecnológica que nos conducirá hacia la era de los posthuman aún es objeto de especulación.

Lo que sí podemos constatar es el agotamiento de un modelo mental que nos ha aportado muchos beneficios materiales hasta ahora pero que resulta extremadamente rígido e inadecuado para una realidad tan volátil, incierta y relacional como la que vivimos.

Habrá, pues, disponerse a hacer un salto hacia un nivel energético superior lo que, desde una perspectiva cuántica, querrá decir siempre que una nueva luz nos acompañará.